DIAGNÓSTICO

Desde el 11 de marzo de 2014, lamentablemente, Chile viene perdiendo liderazgo, crecimiento y confianza.

Se ha perdido la capacidad de generar empleos, de crecimiento de la economía y de fomento a las inversiones; se ha destruido la confianza en las instituciones; se ha quebrantado el estado de derecho, aumentando la violencia; y se ha perdido la legitimidad de instituciones fundamentales como la Presidencia o el Congreso.

Hoy Chile vive una hora inquietante. Lamentablemente, el Gobierno ha carecido del liderazgo necesario y ha experimentado con los sueños y expectativas de millones de chilenos a través de reformas mal hechas que han generado incertidumbre y desazón.

Pero más grave aún, Chile ha perdido la confianza en sus instituciones y la credibilidad de las personas con la política, arrastrándonos a todos en un espiral de desilusión y pesimismo que, inevitablemente, no sólo le pone un freno al desarrollo de nuestro país, sino que nos acerca peligrosamente a los brazos del populismo que, si bien ha fracasado en todo el mundo, es capaz de seducir a los pueblos y arrastrarlos por un mal camino.

Este Gobierno prometió una refundación y ha cumplido: La refundación del modelo que fracasó en todas partes del mundo y también en Chile, pero que ellos siguen defendiendo y promoviendo.

La delincuencia no es solo un problema; es una epidemia. La gente vive encerrada en sus casas, camina con miedo por las calles. A los narcos los rescatan de manos de Carabineros, hay balaceras a plena luz del día que nadie puede detener, no hay servicentro que no sea asaltado.

Los consultorios están sobrepasados. Las personas esperan meses por una atención de especialistas y las camas hospitalarias escasean.

En las calles, ya no hay autoridad que detenga las marchas violentas y el festín que hacen los encapuchados. Se queman buses del Transantiago por anarquistas y no hay ningún sólo responsable por esas alteraciones del orden público.

En la Araucanía, no existe estado de derecho y la quema de fundos son verdaderos actos de terrorismo. Los que mandan son los gremios interesados, las organizaciones no gubernamentales y los grupos de presión; no los ciudadanos.

Así está Chile hoy. Pasamos de ser un país próspero a uno totalmente sin rumbo, donde un Gobierno con un 30% de aprobación, sigue imponiendo una agenda ideológica que nadie respalda y que no se hace cargo de las prioridades de las personas.

Es por eso que Chile se juega algo muy importante en la próxima elección. Al próximo Gobierno le va a tocar reconstruir el país. Se trata de la reconstrucción política, institucional y moral del país. La reconstrucción de las confianzas. La reconstrucción de un sueño de un país desarrollado del cual nos hemos alejado violentamente.

Los chilenos necesitan un mensaje claro y una agenda potente que transforme en realidad ese mensaje, a fin de dejar atrás estos desastrosos cuatro años y comenzar a reconstruir el país de cara al futuro.

Un mensaje que no tenga miedo de identificarse con principios y valores, que no esté “acomplejado” buscando caerle bien a todo el mundo o de no herir las susceptibilidades de nadie. El gran error de la derecha en los últimos años ha sido el renunciar a sus principios y acomodar sus valores para ganarse la simpatía de determinados sectores. Un gran error, pues ello sólo ha seguido profundizando la desconexión entre la mayoría ciudadana y la política de siempre, limitando el poder de decisión a unos pocos que son capaces de gritar más fuerte.

Estamos convencidos que, hablando con la verdad, sin complejos ni acomodaciones, podemos convocar a millones de chilenos que pueden no estar de acuerdo en todas las medidas que proponemos, pero que se identifican con la verdad y esperan que un Gobierno actúe sin complejos para solucionar los problemas estructurales de un país.

Necesitamos un Chile con un liderazgo fuerte y transparente, un Presidente a quien no le tiemble la mano al momento de tomar las medidas que hoy exige el país. No más cálculos políticos ni negociaciones encubiertas. No más presidentes escondidos ni pauteos a la prensa.

Hablando con la verdad y de frente a los chilenos, presento esta agenda comprometiéndome en cuerpo, palabra y espíritu a hacer todo aquello que esté al alcance de mi futuro gobierno para implementarla y por el bien de todos los chilenos. Cuando se requiera el apoyo legislativo, espero contar con el soporte de una mayoría de los parlamentarios que deberán elegir entre ponerse de parte de los chilenos o en contra de ellos, sin más excusas, ni más dilaciones.