16th May, 2010

Evasión en Transantiago: La evasión cultural de la Concertación

Hace algunos días se dieron a conocer nuevamente cifras preocupantes sobre algunos aspectos del estado financiero del bullado Transantiago. Los niveles de evasión, es decir, de personas que usan el transporte público sin pagar por el servicio, presenta una nueva cifra record de un 18% y el sistema pierde 600 mil dólares cada día.

Es evidente que la ineficiencia del plan de transporte está lejos de ser solucionada a pesar de que las autoridades del gobierno anterior insistieron en que ya estaba prácticamente bajo control. Tanto fue así, que ni siquiera fue un eje de campaña en los últimos comicios pasados. Acá hay responsables claros: la administración del  Gobierno de Chile que empezó que implementó el plan de transportes.

Con todo, ¿Qué significa esta evasión? ¿Qué implicancia social tiene que las personas usen un servicio sin dar una prestación a cambio? Esta situación no es otra cosa que una muestra más del negativo cambio cultural que ha sufrido nuestro país luego de 20 años de influencia concertacionista. Esto, por cierto, sumada a las imágenes insólitas de chilenos saqueando durante la tragedia, a de los universitarios en verdaderas batallas campales en medio de una actividad “de extensión universitaria” (parque O´higgins), la conocida puerta giratoria que ampara impunemente a la delincuencia y a otras imágenes dramáticas ocultadas por las estadísticas, como es la de algunas regiones  de Chile donde la cantidad de parejas que se desunen es mayor que las que se unen para formar familia.

En definitiva,  muestras de la imagen de de una sociedad individualista donde sólo hay derechos y no deberes.

Una nueva crítica a la Concertación: Sí. Pero ¿Para qué? ¿Tiene sentido? ¿No les ganamos ya el gobierno?
Todo lo contrario. Ahora más que nunca hay que entender el modelo cultural que el modelo progresista implantó. Y la razón es sencilla: Chile está en reconstrucción.

Nuestro nuevo gobierno no puede  bajo circunstancia ninguna ignorar el llamado al deber de reconstruir el alma de Chile: el alma cultural. El alma dañada por el individualismo constante, por no entender adecuadamente el principio de autoridad, por creer que es mejor estar sólo que en familia: por crear una supuesta oposición  entre empleadores y trabajadores basada en el odio y por los niveles de desigualdad atroces que no tuvieron solución alguna y que hicieron que generaciones completas fueran condenadas a una educación y salud que no se condecían, muchas veces, con una mínima dignidad.

El Presidente ha sido claro en decirle al que país tenemos la responsabilidad de hacer las cosas bien y mejor. Esto es esencial más no suficiente. Esta es la identidad que tenemos que definir como gobierno. ¿Cuál será el Chile que empezaremos a construir luego de que nos pongamos en pie? ¿Qué significará para la historia este gobierno de centro-derecha? Algo hay por seguro…no alcanzará con 4 años.

Ahora es tiempo de pensar cómo haremos esa transición social que Chile requiere y anhela. Tenemos que tener voluntad y coraje para darnos cuenta que el crecimiento económico no es suficiente y que la “teoría del chorreo” tampoco. Voluntad para hacer que se reconozca el mérito individual, para que la familia esté presente en toda política (pública), para trabajar en serio por la justicia social.

En definitiva, tenemos que buscar una identidad como gobierno, una identidad que permita la reconstrucción pendiente: la del alma de Chile.

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