Señor director:

Prácticamente a la misma hora que el Presidente Sebastián Piñera anunció, este lunes, la reforma educacional más importante de las últimas décadas, un grupo de dirigentes de la oposición convocó a la prensa para criticarla. ¿Tan rápido habían sido capaces de analizar las medidas como para cuestionarlas?

Es evidente que no analizaron la propuesta. La oposición prefirió una “maniobra política” para opacar una propuesta que, según expertos de todas las tendencias, es beneficiosa para los estudiantes de nuestro país.

Lo que necesitamos es un debate serio y con argumentos de fondo que nos permitan en el Congreso -el lugar donde democráticamente se debaten las iniciativas legales-, entregarle a Chile una legislación que apunte a mejorar un aspecto postergado y que es quizás uno de los factores importantes de la desigualdad: la educación.

A quienes critican los anuncios presidenciales, los invito a que den su opinión respecto de que se premie e incentive económicamente a los mejores profesores y que aquellos docentes que estén en edad de jubilar, puedan optar por su retiro accediendo a un bono de hasta $20 millones. Los invito a pensar en serio y reflexionar si les parece bueno o malo becar a los mejores puntajes de la PSU para que estudien Pedagogía y que, una vez egresados, deban rendir una prueba de conocimientos.

Quienes critican la reforma anunciada, ¿están en desacuerdo con que los directores de los establecimientos educacionales sean seleccionados por un sistema similar al de Alta Dirección Pública?

Y si existen malos profesores, quienes critican también deben responder si prefieren que éstos permanezcan en las salas de clases o que el director pueda remover al 5% de los profesores de peor desempeño en los colegios. ¿O acaso parece malo que los directores puedan “armar” su equipo directivo?

Todas estas medidas, a mi juicio, van en la línea correcta. Valorar socialmente mejor la profesión docente y buscar factores de motivación son claves en cualquier área de desarrollo. Con todo, aún quedan cosas por definir como lo es el tema de los contenidos, el rol de los padres y otros elementos que debatiremos si es que hay ánimo constructivo.

La invitación, en definitiva, es al diálogo y al debate respecto de las ideas y propuestas, dejando de lado las rencillas políticas, que en nada aportan para construir una educación de calidad. Chile y su futuro lo exigen.

José Antonio Kast R.

Diputado UDI

Santiago, 21 de Agosto del 2010

Jaime Guzmán escribió una vez:

“En la entrega genuina e integral de la propia vida a una causa, reside la más vigorosa de las fuerzas que a ésta pueda brindársele”.

Quise partir con esta frase, para agradecer.

A todos los que dieron siempre lo mejor de si por Chile y por la UDI. Son muchos los que ya no están entre nosotros. Quiero simbolizaros en el mismo Jaime, en Simón Yevenes, en mi hermano Miguel, en Marcelo Ruiz, en Ignacio Astete y en Pablo Desbordes.

Ellos ya cumplieron su misión.

Gracias los que integran esta lista.  Pepa, Evelyn,  María de la Luz, Nora, Felipe, Rubén, Patricio y Alejandro, ustedes son la cara visible de un gran equipo humano.

Agradezco  también a todos los que han sido parte de este proyecto a lo largo y ancho de Chile, gracias por recibirnos, por escucharnos,  por dedicarle tantas horas a pensar en aquello que está en nuestras manos hacer por la UDI y por decirnos, una y otra vez, sigan adelante, vale la pena. Gracias por sus mails, mensajes de texto, cartas y llamados.

Gracias a mi familia, a la Pía y  a mis 9 hijos, que me han apoyado,  renunciando generosamente al tiempo que les pertenece y me han dado esa libertad y confianza tan necesaria para comprometerme en cuerpo y alma en una  causa como ésta.

Gracias finalmente a todos ustedes, a todos los presentes, más allá de por quién voten, por el sacrificio que cada uno tuvo que hacer para llegar hasta este Consejo General. Y a través de ustedes, también le agradezco a cientos  de militantes, a esos “héroes anónimos” que han caminado por las comunas, pintado muros, llamado a las puertas de miles de chilenos para transmitir el mensaje de nuestras ideas. A todos aquellos que por años han hecho posibles nuestros triunfos electorales, que culminaron este año con la Presidencia de la República.

Son muchos los que partieron en lugares muy difíciles para nuestras ideas, muchos también los que se han atrevido a ser candidatos  y muchos más aún los que silenciosamente han querido aportar  a esta causa que nos es común y que es nuestro ideal:

SERVIR A CHILE.

Gracias a todos !!!

Hoy puedo hablar  ante ustedes con la tranquilidad y la paz interior que me da haber entregado todo por buscar lo mejor para la UDI.

Puedo decir que me siento orgulloso de pertenecer a este partido,  que cuenta con cientos de militantes que hasta en los rincones más alejados de Chile están siempre dispuestos a decir:

AQUÍ ESTA LA UDI !!!

En estos meses de recorrido por Chile he conocido historias humanas y políticas increíbles,  cientos de anécdotas que refuerzan mi convicción de que aquí, en la UDI, están las mejores personas. Me he encontrado con gente de esfuerzo, emprendedores,  intelectuales,  jóvenes, alcaldes, consejeros regionales y concejales,  que hacen todo lo que pueden con lo poco que tienen. He conocido dirigentes vecinales y gremiales que no han dejado nunca de luchar por nuestras ideas, a pesar de estar lejos, en zonas conflictivas, o en gremios,  donde se les trata de marginar o acallar. Pero ahí están, levantando las banderas de una Sociedad Libre y Responsable.

Estuvimos en casi todo Chile.  Desde abril,  hemos estado cada semana en un lugar distinto.  Pudimos estar con muchos militantes  y me emocionó ver el cariño  y el entusiasmo con el cual tantos dirigentes se han comprometido  y sacrificado por la UDI.

Pero de igual manera me impactó el hecho de que muchos de ellos  se sienten solos, algunos incluso abandonados.

Muchos  sienten que estamos perdiendo la mística.

Extrañan la época en que los dirigentes recorrían el país tomando contacto con las bases.

En muchos lugares se ha dejado de sentir la FUERZA CREADORA de la UDI. Y esto requiere un cambio.

-        No podemos permitir que haya dirigentes que se sientan de segunda clase.  Tenemos que cambiar hechos tan simples como que todos los concejales, dirigentes y militantes activos de la UDI puedan ser parte con voz y voto en un Consejo General como este.

-        Necesitamos retomar nuestros vínculos humanos,  reencontrarnos en instancias partidarias que nos permitan conversar y debatir sobre los desafíos que nuestra sociedad y el mismo ejercicio de la política  nos plantean como partido.

-        Tenemos que recuperar una sede central donde cada uno se sienta en su casa. Hay tantos que me han dicho que llegan a Suecia  y se sienten como si fueran personas ajenas a nuestro partido.

-        Hemos de recuperar el trabajo en las bases poblacionales, en los gremios, entre los intelectuales y entre esos miles de jóvenes que ven la política como algo ajeno y distante.

La UDI era fuerte y reconocida en todos esos estamentos.   Hoy, salvo excepciones, ya no lo es.

-        Apremia retomar el trabajo de capacitación de nuestros dirigentes y militantes.

-        Necesitamos, sobre todo, que nuestros parlamentarios  y alcaldes se dediquen a hacer partido a lo largo de Chile y no solo en sus comunas,  distritos y circunscripciones. Urge que comprendamos que nuestra labor es solidaria  y trasciende nuestra propia parcela o interés. Este trabajo, dedicarle un poco de tiempo a otro,  es lo que puede hacer de nosotros un partido unido y verdaderamente sólido.

-        También debemos recuperar algo que es de la esencia de la UDI: su  Transversalidad.  Ese partido donde el más humilde y el más poderoso, donde el más instruido y el menos preparado, donde el más joven y el más viejo se encontraban cara a cara, de igual a igual, en torno a la misma mesa, en la misma reunión o convivencia.  Tenemos que volver a mirarnos en el valor de cada uno:  valor por ser únicos, originales y con un gran potencial que poner al servicio del país.

En síntesis, tenemos la obligación de recuperar la esencia, lo que podríamos llamar el alma de la UDI, su estilo de hacer política que siempre nos distinguió del resto de los partidos políticos.

Ese estilo que nos hacía sentirnos orgullosos de decir: “somos distintos” y las personas nos reconocían y nos diferenciaban del resto de la llamada “clase política” o como nosotros mismos decíamos del “club de los políticos”.

Necesitamos recuperar los caminos que han marcado nuestra identidad, retomar los principios fundantes que Jaime Guzmán definió claramente y que con la entrega de su propia vida, nos legó como tarea.

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Este año se cumplió un sueño: Ganamos el gobierno. Fueron 20 años de trabajo de todos los que estamos hoy aquí y de miles de amigos nuestros que se  jugaron para que esto fuera posible.

¿Podemos decir que ese estilo que nos es propio se refleja hoy en plenitud en cada repartición del Estado?

Si somos honestos tenemos que decir que no.

Son  muchos los que hoy trabajan en el gobierno, en nuestro gobierno, pero faltan muchos más para que se haga realidad  nuestro slogan de “cambio, futuro y esperanza” que millones de chilenos esperan.

Y la culpa de que ello no se haya dado en la forma que todos esperábamos es nuestra, ya que no hemos sabido transmitir la importancia que tiene que en nuestro gobierno se produzca esa sintonía fina y necesaria entre  lo técnico y lo político.

Si, a nuestro gobierno le falta esa dosis de “mística”, de “pasión” e “idealismo” que los políticos de la UDI, los que estamos aquí , podemos aportar.

Nuestra meta es que a nuestro gobierno, le vaya muy bien, para que tengamos la oportunidad de repetir ese triunfo histórico de Enero pasado con uno de los nuestros. Pero para ello no basta con decirlo ni con pedirlo. Debemos trabajar, recuperar nuestra propia identidad, abrir los canales de participación y mejorar en mucho nuestra gestión interna.

Solo así la ciudadanía reconocerá nuestro mejor derecho a tener un abanderado presidencial de la UDI.

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Muchos   de ustedes se han preguntado por qué vamos en  listas separadas y no unimos nuestras fuerzas en pro de un objetivo común.

Al respecto puedo decirles que, inicialmente estimamos que  debíamos recorrer el país, remecer las estructuras, abrir espacios de debate y confrontación de ideas. Necesitábamos verificar en terreno la realidad de nuestras apreciaciones. Pensamos que unirnos en primera instancia, frustraría en gran medida el ponernos en movimiento.

Luego de constatar el fundamento de lo que  hemos planteado,  y de escuchar en muchos lugares un llamado a la unidad, lo propusimos, en términos de aunar fuerzas en lo que cada uno era un aporte. Entonces se nos dijo que se haría valer el legítimo derecho a competir.

Quiero decir que nosotros, esta lista, sigue estando por la unidad aquí y ahora, pero en base a combinar efectivamente nuestras verdaderas fortalezas. Las nuestras radican en la gestión, en el trabajo hacia el interior del partido, en la formación y capacitación, en la generación de vínculos y redes internas, en el trabajo esforzado, organizado y coordinado,  que no deje  espacios a la improvisación.

Digo lo anterior,  ya que si  nos retrotraemos a 2 años atrás y nos preguntamos qué ha cambiado hacia el interior de la UDI,  ¿que podemos responder ?

¿Tenemos un partido que realmente llega al corazón de los más pobres ?

¿Tenemos un partido que convoca de verdad a los mejores en el mundo gremial, intelectual y juvenil ?

¿Hemos visto a nuestros dirigentes nacionales  llegar a cada rincón de Chile, para actualizar el mensaje de la UDI?

¿Hemos recibido más información de la UDI central ?

¿Hemos tenido más encuentros regionales y nacionales ?

¿Hemos recibido más capacitación ?

Cada uno puede elaborar su propia respuesta.

Algunos han sostenido que hemos sido exitosos por haber crecido enormemente en lo electoral. Es cierto, eso es verdad. Pero eso ha sido posible  gracias a todos los que estamos hoy aquí presentes y  a miles que no lo están.

Nunca debemos olvidar que nuestro éxito no se radica sólo  en variables cuantitativas.  Nuestra tarea también debe abordar lo cualitativo,  esto es,  la conquista de los corazones de las personas, la promoción de las ideas que defendemos y el trabajo abnegado por un proyecto de sociedad.

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Quiero agradecerle a todos los que llegaron a alguna sede, casa o cafetería para escuchar con entusiasmo esta propuesta. Quiero agradecer la oportunidad de haber conocido  gente increíble,  que ha sido fiel testimonio de aquello que una vez Jaime Guzmán le escribió a su madre: “después de Dios, nos debemos a Chile”.

Finalmente solo me resta hacerles un llamado votar con libertad, sin miedos, pensando siempre que nuestro compromiso es con la UDI, con ese proyecto por el que Jaime Guzmán  pensó, vivió y murió.

Nuestro compromiso es con una causa, no con uno u otro dirigente.

Nuestro compromiso es con Chile y su gente.

Muchas gracias

Hace algunos días se dieron a conocer nuevamente cifras preocupantes sobre algunos aspectos del estado financiero del bullado Transantiago. Los niveles de evasión, es decir, de personas que usan el transporte público sin pagar por el servicio, presenta una nueva cifra record de un 18% y el sistema pierde 600 mil dólares cada día.

Es evidente que la ineficiencia del plan de transporte está lejos de ser solucionada a pesar de que las autoridades del gobierno anterior insistieron en que ya estaba prácticamente bajo control. Tanto fue así, que ni siquiera fue un eje de campaña en los últimos comicios pasados. Acá hay responsables claros: la administración del  Gobierno de Chile que empezó que implementó el plan de transportes.

Con todo, ¿Qué significa esta evasión? ¿Qué implicancia social tiene que las personas usen un servicio sin dar una prestación a cambio? Esta situación no es otra cosa que una muestra más del negativo cambio cultural que ha sufrido nuestro país luego de 20 años de influencia concertacionista. Esto, por cierto, sumada a las imágenes insólitas de chilenos saqueando durante la tragedia, a de los universitarios en verdaderas batallas campales en medio de una actividad “de extensión universitaria” (parque O´higgins), la conocida puerta giratoria que ampara impunemente a la delincuencia y a otras imágenes dramáticas ocultadas por las estadísticas, como es la de algunas regiones  de Chile donde la cantidad de parejas que se desunen es mayor que las que se unen para formar familia.

En definitiva,  muestras de la imagen de de una sociedad individualista donde sólo hay derechos y no deberes.

Una nueva crítica a la Concertación: Sí. Pero ¿Para qué? ¿Tiene sentido? ¿No les ganamos ya el gobierno?
Todo lo contrario. Ahora más que nunca hay que entender el modelo cultural que el modelo progresista implantó. Y la razón es sencilla: Chile está en reconstrucción.

Nuestro nuevo gobierno no puede  bajo circunstancia ninguna ignorar el llamado al deber de reconstruir el alma de Chile: el alma cultural. El alma dañada por el individualismo constante, por no entender adecuadamente el principio de autoridad, por creer que es mejor estar sólo que en familia: por crear una supuesta oposición  entre empleadores y trabajadores basada en el odio y por los niveles de desigualdad atroces que no tuvieron solución alguna y que hicieron que generaciones completas fueran condenadas a una educación y salud que no se condecían, muchas veces, con una mínima dignidad.

El Presidente ha sido claro en decirle al que país tenemos la responsabilidad de hacer las cosas bien y mejor. Esto es esencial más no suficiente. Esta es la identidad que tenemos que definir como gobierno. ¿Cuál será el Chile que empezaremos a construir luego de que nos pongamos en pie? ¿Qué significará para la historia este gobierno de centro-derecha? Algo hay por seguro…no alcanzará con 4 años.

Ahora es tiempo de pensar cómo haremos esa transición social que Chile requiere y anhela. Tenemos que tener voluntad y coraje para darnos cuenta que el crecimiento económico no es suficiente y que la “teoría del chorreo” tampoco. Voluntad para hacer que se reconozca el mérito individual, para que la familia esté presente en toda política (pública), para trabajar en serio por la justicia social.

En definitiva, tenemos que buscar una identidad como gobierno, una identidad que permita la reconstrucción pendiente: la del alma de Chile.

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