En el año 1973 en la ciudad sueca de Estolcomo se produjo un robo en el banco Kreditbanken. Durante 6 días los delincuentes mantuvieron como rehenes a funcionarios y clientes. Finalmente los malhechores se rindieron, pero para sorpresa internacional, se registró el momento en que una de las víctimas besaba a uno de los captores. Tiempo después iniciaron una relación.
Durante el cautiverio, las víctimas fueron amenazadas de muerte y maltratadas, pero luego defendieron públicamente a los delincuentes y se negaron a testificar contra ellos en el proceso judicial.
En referencia al hecho anterior, se denomina síndrome de Estocolmo a la respuesta psicológica en el que la víctima de secuestro, o persona detenida contra su voluntad, desarrolla una relación de complicidad con su secuestrador. En ocasiones, los prisioneros pueden acabar ayudando a los captores a alcanzar sus fines o evadir a la policía.
Este fenómeno podría ampliarse a muchas otras situaciones de la vida, en donde de forma mucho más sutil, la gente puede ser poco a poco secuestrada y terminar en una identificación con ideas o conductas que nunca antes pensaron defender o creer. La política no está ajena a esta posibilidad, un ejemplo de esto es lo sucedido al Partido Demócrata Cristiano.
Durante los últimos años la izquierda fue gobierno y lo hizo notar. Ocupó espacios estratégicos, dominó lo medios de comunicación, ONGs y el discurso, manteniendo estrechos vínculos con la izquierda más extrema, esa que cualquier DC de base le provoca nauseas. El maltrato a la DC fue sistemático, desde agresiones sicológicas por su inicial apoyo al pronunciamiento militar, hasta secretos pactos políticos que fueron socavando poco a poco su fuerza inicial, llevando a este partido de ser el más votado de Chile a bajar radicalmente su apoyo popular, mostrando un evidente desgaste y envejecimiento. Todo lo anterior, dejó al PDC en un virtual estado de secuestro.
La DC era un partido cercano al centro político, pero por sobretodo, con un distintivo sello cristiano. Pero desde el gobierno de Ricardo Lagos hasta los últimos días de la reciénte campaña presidencial, era imposible distinguir el discurso de un DC, un PS o un PPD, esto para bien o para mal, terminó haciendo que la otrora orgullosa falange fuera reducida a una débil flecha rojiza.
Finalmente, la derrota de Frei y la Concertación implicó el fin de un largo cautiverio para el PDC. Una clara muestra de ello, fue la condena que algunos senadores DC realizaron junto al gobierno de Sebastian Piñera por la situación de los presos opositores al régimen castrista en Cuba.
Estemos atentos durante los próximos días a la salud mental e ideológica de la DC, ¿Podrá recuperarse de un secuestro tan largo? ¿Tendrá entereza para defender sus fundamentos cristianos? o ¿Simplemente quedaremos sorprendidos al verlos besar a sus secuestradores?





